Se consumó lo esperado: el Gobierno del PP aprobó su ley de Reforma Laboral, una reforma que da la puntilla final, enterrando unas conquistas sociales que tanto esfuerzo y lucha costaron para lograrse.
Pero seamos ecuánimes: bien es cierto que el PP está aprobando este conjunto de medidas “anticrisis”, de las cuales esta nueva reforma laboral es un detalle más, pero no ha de escapársenos que el PSOE es la otra cara de la misma moneda, en el azote brutal contra los derechos sociales de los españoles.
La clase política del Sistema, la casta parasitaria que nos machaca, no es otra cosa que un grupo de peones al servicio de los dictados de las oligarquías financieras. Es más, si un mérito hemos de reconocerle, a la casta parasitaria del Sistema, es el celo con que realizan el proceso de demolición de las clases medias y trabajadoras, acelerando la proletarización de éstas.
En definitiva, Goldman & Sachs así como demás emporios de piratas financieros, estarán plenamente felices por la labor de sus perros de presa.
Aun así, no deja de ser curiosa la obsesión enfermiza de estas leyes, que hacen un brutal hincapié en facilitar el despido, en un contexto socio-económico donde la búsqueda de empleo se convierte en una tarea titánica, por no decir en misión casi imposible.
La situación es gravísima, ya hemos visto lo ocurrido en Hungría, Grecia o Italia, donde el mundialismo está actuando a cara descubierta. Por aquí mientras, se sigue incubando el estallido social.
Pero aun así, la desvergüenza de algunos supera lo infinito: Ahora los sindicatos UGT y CCOO, llaman a la movilización contra la reforma laboral del PP, cuando hicieron durante el Gobierno de ZP una huelga general de pega. Pero no solo eso, para más INRI nos enteramos que uno de los “cerebros sindicales” de esas movilizaciones es un dirigente de UGT, que a la vez es, consejero de Bankia con un sueldo de 181.000 euros al año. ¿Qué credibilidad nos dan entonces unos sindicatos subvencionados y sus dirigentes que encienden velas a Dios y al Diablo?
Tiempos difíciles se avecinan: estamos vendidos y solo tenemos dos opciones: o seguir tragando ante el aumento de la exclusión social y el maltrato a los españoles, o articular una respuesta política y social de corte identitario y nacional que ponga freno y reconduzca el actual estado de cosas.
En Europa ya están haciendo frente a las oligarquías financieras y sus lacayos, gentes como Marine Le Pen en Francia o Heinz-Christian Strache en Austria, son claras referencias para los identitarios europeos.
En España, pues, toca articular la respuesta antes que sea demasiado tarde.
Carlos Fuster Cerezo





