Perdida ya toda esperanza, viviendo los últimos coletazos de una sociedad que agoniza, de un pueblo envilecido por una situación que ni han deseado ni quieren sostener…he ahí donde he visto un rayo de luz.
En una sociedad donde el gobierno humilla al trabajador, donde la banca exprime al asalariado, un momento de la historia donde la bondad ha sido sustituida por el “sálvese el que pueda”, o el “que se joda el último”, una país entero de hijos de puta para los que solo prima el yo y el mí, y a los que el resto del mundo se la trae floja.
En este dantesco cuadro y sin esperarlo, la verdad…me han devuelto y de la mejor manera posible, las ganas de confiar en la gente.
Después de una maratoniana jornada de actividad política, estresante, la verdad, fui invitado por un grupo de amigos valencianos a que conociese las bondades de su tierra. Por primera vez en mi vida probé la horchata con fartons, el allipebre y una paella…pero paella de verdad. Nada que ver con todo lo consumido hasta la fecha.
En un marco incomparable, La Albufera, pude comprobar que aun existe gente en este país que lo da todo al módico precio de una sonrisa, gente que se preocupa por el prójimo aunque este sea de allende el río Ebro. Llegada la tertulia fuera discusiones y debates estériles; problemas reales con difíciles soluciones.
Para más Inri, se trata de personas que por suerte han decidido dar el paso y meterse de lleno en el mundo de la política, le han echado cojones y pese a saber que como en casa en ningún sitio, han decidido complicarse la vida en ayuda de sus vecinos, de su localidad, de su Patria. Justo en el momento donde la clase política está devaluada por la corrupción y el engaño, esta gente aporta donde los demás se llevan, se preocupan donde el resto se muestra indiferentes, dándonos un ejemplo a TODOS de lo buena que es nuestra tierra y que pese a que cuatro crápulas se empeñen en esclavizarnos, en mantenernos como peones de sus cortijos financieros, sigue habiendo España en el corazón de la gente, de la gente casta y auténtica que te da hasta la camisa si tú no tienes y sin que se les pase por la cabeza mirarte por encima del hombro ya que todos somos hijos de España. Hoy por ti…y mañana Dios dirá.
Una alegría para mí por muchos motivos, que me ha devuelto la ilusión en el ser humano, y que me aboca a escribiros que si España una vez fue grande, en el alma de sus gentes siempre lo seguirá siendo.
Habladme de Crisis…que yo me quedo con los míos.
Rogelio Taboada.








