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Cecile Kyenge; primera mujer negra en un gobierno italiano ; “Un niño, hijo de inmigrantes, que nació y creció aquí debe ser ciudadano italiano”

(identitaria.es) Este sábado el moderado Enrico Letta,fue el encargado de crear gobierno en el país italiano podemos sin duda destacar la titular del nuevo ministerio de Integración y primera mujer negra que alcanza el rango de ministra en la historia de Italia, Cecile Kyenge.

“Es un paso decisivo para cambiar concretamente Italia”, dijo esta oculista de 49 años de origen congoleño que llegó a Italia en 1983.

Nada más tomar posesión de su cargo destaco entre sus prioridades, modificar la ley sobre el derecho por nacimiento a la nacionalidad italiana: “Probablemente voy a encontrar resistencia, tendremos que trabajar mucho para llegar a ello”, admitió. La ciudadanía italianaen la actualidad se determina por filiación (derecho de sangre).
“Un niño, hijo de inmigrantes, que nació y creció aquí debe ser ciudadano italiano”, explicó.

Diputada del Partido Demócrata (izquierda) y primera mujer de origen africano ( y no nacidad en Italia) en ocupar un escaño en el Parlamento, Kyenge defiende también la derogación del delito de inmigración clandestina.

Para la nueva ministra, es también necesario “luchar contra la violencia sexista, racista, homofóbica y de cualquier otra naturaleza”.

El Partido Demócrata de Letta se felicitó por este nombramiento que “demuestra con coherencia el hecho de creer en una Italia más integradora y realmente multicultural”.

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Cuatro musulmanes provocan el caos durante la procesión de viernes Santo en Melilla

(identitaria.es)La noche de Viernes Santo se vio empañada en Melilla por una pelea provocada por cuatro musulmanes al parecer en estado de embriaguez provocando escenas de pánico entre los fieles cristianos de la Virgen de la Soledad y el público que contemplaba este paso, uno de los más populares de la Semana Santa en la ciudad autónoma. Según la versión policial , Continuar leyendo

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El plan Cameron sobre inmigración afectaría también a los extranjeros comunitarios

(identitaria.es) Podemos decir que la inmigración se ha convertido en el único asunto sobre el que todas las fuerzas políticas del Reino Unido parecen estar de acuerdo. Si bien hace unos días el viceprimer ministro, el liberal demócrata Nick Clegg, planteo cobrar una fianza a los turistas procedentes de «países de riesgo», es ahora el primer ministro, David Cameron, quien acaba de anunciar hace escasos dias un polémico plan para acabar con los abusos de aquellos ciudadanos de la UE que tratan de «aprovecharse de la generosidad británica».

El primer y principal pilar del proyecto es la sanidad. La nueva política permitiría el acceso a la sanidad británica a ciudadanos europeos siempre y cuando estos puedan probar que tienen derecho a la seguridad social en sus países de origen. De lo contario, y esta medida afectaría tanto a comunitarios como ciudadanos de otros continentes, solo serían atendidos en los hospitales británicos si poseen seguro privado. «El sistema es un caos. Los inmigrantes están colapsando el sistema», ha dicho Jeremy Hunt, ministro de Sanidad.

El segundo sector que Cameron trata de modificar son las ayudas por desempleo. En el Reino Unido existe una pequeño subsidio para aquellos en búsqueda activa de trabajo que, sin necesidad de haber cotizado o tener derecho al paro, pueden reclamar entre unos 60 y 100 euros semanales. Los europeos que reciben esta prestación serán sometidos a un exhaustivo examen si, al cabo de seis meses, siguen sin encontrar trabajo.

La vivienda es el tercer pilar del proyecto para paliar el «turismo de subsidio» y desde abril se dará prioridad a los nacionales. «Los inmigrantes no recibirán prestaciones por vivienda a su llegada. Para poder acceder a las ayudas deberán haber vivido aquí al menos durante dos años y haber contribuido al sistema», aseguró Cameron.

Problemas del plan

La prensa británica insiste en que, dado el reducido porcentaje de comunitarios que reciben estas prestaciones, el objetivo de Cameron no es el ahorro, sino satisfacer el creciente euroescepticismo que asedia al país. Prueba de ello es la reciente popularidad del Partido Independentista Británico (UKIP) del conocido Nigel Farage, cuyas políticas antieuropeas y antiinmigración han atraído a un buen número de votantes.

El proyecto de Cameron intenta calmar los temores hacia una nueva oleada de inmigrantes de Europa del Este, ya que a partir de enero del 2014 rumanos y búlgaros podrán moverse libremente por el territorio comunitario. Mientras, desde Bruselas, vigilan de cerca los movimientos del primer ministro para cerciorarse de que su plan respeta los tratados de libre circulación y residencia europeos.

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El Reino Unido estudia limitar subsidios sociales a la inmigración

Identitaria.es.- El Gobierno británico estudia restringir el acceso a los subsidios sociales, la vivienda y el sistema público de salud a los inmigrantes ante la eventual llegada este año de miles de personas procedentes de Rumanía y Bulgaria, según informo hoy la BBC.
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Rajoy dice NO a las Mezquitas

El gobierno dirigido por Mariano Rajoy ha aprobado en sesión extraordinaria la prohibición de construir nuevas mezquitas en territorio nacional.

Esta medida se enmarca en el plan desarrollado por el ejecutivo de protección a la Identidad Española, que comenzó el pasado mes de noviembre al promulgar el cierre de los locales de culto musulmanes que fuesen susceptibles de fomentar la violencia contra la mujer, el maltrato y el integrismo radical. Continuar leyendo

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La población Española aumenta gracias a la inmigración, Pese a la crisis. ¿Un problema español?

(identitaria.es)¿Un problema español? efectivamente NO. El 11 de diciembre , nos despertábamos con la noticia que ocupaba los titulares del daily mail (‘British whites’ are the minority in London for the first time as census shows number of UK immigrants has jumped by 3million in 10 years)

Y que dado que londres siempre ha sido el sumun multicultural no era de sorprender, estos datos han resultado al menos chocantes para la sociedad londinense, que pese a su multiculturalismo vendido a expuertas, Continuar leyendo

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La cifra de inmigrantes que intentan cruzar el Estrecho vuelve al nivel de 2005

(identitaria.es)La cifra de inmigrantes que tratan de alcanzar las costas españolas a través del Estrecho ha alcanzado los niveles que existían en el año 2005 y ha puesto de manifiesto que las lanchas de juguete han abaratado y facilitado el peligroso “viaje”. Estos datos han sido facilitados por cruz roja Continuar leyendo

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¿Cuántas mezquitas hay ya en España? Ya hay 2000 mezquitas

Hay 1198 mezquitas reconocidas en España, y se estima que al menos hay otras 800 no legalizadas, es decir, que están bajo la pantalla de asociaciones islámicas, o en las trastiendas de comercios musulmanes, especialmente los de productos “halal”.

Para que seamos conscientes de la magnitud de las cifras que estamos hablando, solamente tomando en cuenta las “legalizadas”, hablamos de que en media hay 24 mezquitas por provincia, lo cual es cuanto menos espectacular, y representa otro síntoma de la peligrosa transformación demográfica causada por la llegada masiva de población inmigrante a nuestro país.

En España hay más de 1 millón de musulmanes residiendo, cifra que a todas luces llama la atención si la comparamos con los residentes en países que tradicionalmente han sido receptores históricos de inmigración musulmana, como el Reino Unido, donde se estima que residen 1.600.000. Según Pew Forum, los muslmanes residiendo en España llegarán a ser 1.859.000 antes del año 2030.

Son cifras que asustan en un país que ha sido históricamente referencia del cristianismo, y que pueden ser comprobadas en la web del Observatorio del Pluralismo religioso en España.

(c) España2000 Alcalá de Henares - www.alcalainos.es

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Entrevista a David Hernández, delegado de España 2000 en Alcalá de Henares

(Identitaria.es)-Crece la polémica en Alcalá de Henares tras el anuncio de la construcción de una nueva Mezquita en el barrio de Caballería Española. ¿Cómo describiría su primera reacción ante este anuncio?

La primera reacción fue de indignación, de pensar que si esto sucedía el barrio se convertiría en uno de los suburbios que existen por Europa, más propios de Marsella que de Alcalá. Por tanto, desde el primer momento, tomamos la determinación de emprender todas las acciones y medidas que estén a nuestro alcance para evitar que haya una nueva mezquita en el barrio. La primera de estas acciones consistió en informar a todos los vecinos de la zona, a través de bandos de comunicación en los portales y el “boca a boca”, ya que los vecinos son los primeros afectados y los primeros que deben saber lo que se les puede venir encima.

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Alcalá de Henares: ¿Mezquitas? NI UNA MÁS

(Identitaria.es) El antiguo local de COFAMASA (en la calle Escudo) de más de 800 m2 es objetivo de la comunidad islámica para implantar una gigantesca mezquita en el barrio. Eso significaría que en horas punta, la mezquita podría contar en sus instalaciones con una afluencia de más de 1.000 súbditos de Mahoma con todos los inconvenientes y peligros que ello supone. Los vecinos y vecinas, más allá de las consideraciones religiosas y culturales, decimos claramente que no la queremos ni la permitiremos, ya que influirá en la vida del barrio muy negativamente, un barrio de por sí muy degradado y abandonado por el ayuntamiento, el cual solo se acuerda de nosotros para recaudar impuestos. Continuar leyendo

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Demografía nacional y demografía foránea

Identitaria.- Cada año, el 1º de enero, los informativos nos guardan algo que ha ido dejando de ser sorpresa a pesar de cierto impacto casi desagradable: los primeros recién nacidos en España son cada vez son menos españoles. En 2012 se produjo la misma tendencia que ya venía afirmándose comunidad autónoma a comunicad autónoma, desde el año 2000, cuando los cuatro primeros recién nacidos en las cuatro provincias catalanas, fueron hijos de inmigrantes.

El 1 de enero de 2012, el 75% de los nacidos en España era hijo de inmigrantes. El lobby inmigracionista no se inmutó, a fin de cuentas, desde 1999 nos venían advirtiendo de que la aportación de la inmigración a la demografía era esencial para pagar las pensiones de los abuelos, así que contra más inmigrantes vinieran, más trabajaran y más hijos tuvieran en nuestro país, más mano de obra habría, más altas a la seguridad social y más dinero dispondría el Estado. Pues bien, ni una sola de estas previsiones optimistas, ni una sola, se ha cumplido y no solamente por que ningún análisis puede realizarse desde el optimismo desbordante y las rentabilidades económicas, ni siquiera porque la crisis económica haya ralentizado relativamente la llegada de nuevas oleadas de inmigrantes, sino porque desde el principio, las previsiones y proyecciones eran una auténtica locura.

En 2004 el descontrol de los fenómenos migratorios era evidente para todo aquel que quisiera advertirlo. Solamente el ministerio del interior español seguía negándolo a pesar de que en los últimos años la llegada de la primera oleada migratoria se había traducido en un aumento de la delincuencia y, por supuesto, del número de extranjeros en situación de ilegalidad. En cuanto a los socialistas todavía en la oposición estaban próximos del “papeles para todos” que había enarbolado la izquierda desde mediados de los años 90 e incluso antes cuando se produjo el triste asesinato de Lucrecia Pérez. José Luis Rodríguez Zapatero desde el año 2000 se había convertido en el valedor más firme de la inmigración al incluir en su programa para aspirar a la secretaría general de su partido a la inmigración, como primer punto, aun a pesar de que en aquel momento, en su León natal, apenas residirían en toda la provincia un centenar de inmigrantes…

Así estaban las cosas en 2004

España en al iniciarse 2004, más o menos cuando los socialistas llegaron al poder, superaba los 43 millones de habitantes y de ellos había algo más de tres millones que eran extranjeros. En realidad, el gobierno de Aznar había insistido hasta el aburrimiento en que apenas había contabilizados dos millones, pero se trataba del habitual subterfugio para no crear alarma social. Bastaba salir a la calle y ver que en algunos barrios, los inmigrantes empezaban a ser mayoría y que difícilmente podían haber sido tan pocos. La trampa deliberada radicaba en que Aznar no contabilizaba a los casi 800.000 ilegales con los que se despidió su mandato, ilegales que todos sabíamos que existían, que estaban ahí, pero que él no tuvo el valor de reconocer porque ello equivalía a asumir el fracaso de su gestión en materia migratoria: no solamente con él se había iniciado el fenómeno, sino que él no había sido capaz de controlarlo una vez iniciado. Subía el PIB, pero en buena medida lo hacía porque subía también el número de consumidores adultos. Decir que en torno a un 40% de la subida del PIB se debía a la inyección de población adulta foránea equivalía a minimizar los resultados económicos de su político: a fin de cuentas, todo el truco residía en el ladrillazo y en la llegada de 600.000 inmigrantes al año.

Sin embargo, en los siete primeros meses de 2004 la inmigración experimentó cierta desaceleración y quizás hubiera seguido así (el efecto llamada generado por la reforma de la Ley de Inmigración impuesta por todos los partidos al PP cuando éste no tenia la mayoría absoluta en 1999, empezaba a disiparse) de no ser porque en agosto de ese año se anunció una “regularización masiva” de ilegales: a partir de ese momento empezaron a llegar masivamente pro todas las fronteras navales, terrestres y aéreas, inmigrantes procedentes de todo el mundo, alertados porque unos irresponsables (Caldera y su equipo) habían anunciado que les abrirían las puertas de Europa. Antes del anuncio de la regularización se preveía que llegarían en 2004 apenas 474.000 inmigrantes, casi 150.000 menos que en los dos años anteriores. Sin embargo, finalmente, lo harían 800.000…

Así pues, a principios de 2004, los extranjeros suponían un 7% del total de la población cifrada en 42.717.064 habitantes. Algunos demógrafos se atrevieron a decir que existía más inmigración de la que podía advertirse en manejando las cifras del padrón municipal. Joaquín Arango, catedrático de la Complutense y demógrafo, afirmó que seguramente superaba el 8%: “existe un número nada desdeñable de ciudadanos comunitarios, sobre todo en Canarias, Baleares, Málaga y Alicante, que pese a residir en España no se empadronan”. De hecho, lo que decía Arango era cierto, pero había algo mucho más terrible: si los inmigrantes alemanes, holandeses e ingleses establecidos en las islas y en el Levante español no daban mucho que hablar era porque se trataba de jubilados que percibían pensiones altas y tenían un buen nivel de consumo. En realidad, el problema es que existían muchos inmigrantes que, no solamente eran ilegales, sino que preferían no dejar huellas de su presencia a fin de evitar posibles redadas. Pero había otro fenómeno igualmente inquietante: los nacimientos de hijos de inmigrantes.

El 1 de enero de 2000, Catalunya recibió la primera sorpresa del nuevo milenio: en las cuatro provincias catalanas, los primeros recién nacidos habían sido inmigrantes. En realidad, desde 1998 la inmigración ya estaba haciendo que se produjeran más nacimientos que muertes. En efecto, ese año, según el Instituto Nacional de Estadística, se inscribieron 364.427 bebés de padres españoles y 20.054 de padres extranjeros, que aseguraron un superávit de 6.477 dado que se habían producido 357.950 fallecimientos. El año siguiente el fenómeno fue todavía más evidente. Las autonomías en las que apenas había inmigración, registraron un descenso de población: Galicia, Castilla y León, Asturias, Aragón, País Vasco, Cantabria, Castilla-La Mancha, Extremadura y La Rioja.

La buena noticia era que el saldo poblacional volvía a ser positivo. La mala noticia es que ese salvo era positivo solamente gracias a la inmigración a la vista de que las españolas figuraban a la cola de la natalidad mundial con un promedio de 1,2 hijos por mujer. La última encuesta de fecundidad elaborada por el INE en 1999 incluso añadía un dato aún más patético: el 50’10% de las mujeres españolas de entre 19 y 49 años no tenían absolutamente ningún interés en tener hijos en ningún momento de su vida. Los motivos de esta negativa eran varios: paro femenino (entonces un 57% del total), precariedad de los salarios y de los empleos temporales, y el hecho de que a mayor nivel cultural las mujeres respondieran con una menor natalidad).

La misma encuesta añadía que si bien el 47% de las españolas ni tenían ni pensaban tener un hijo, en cambio el 42% de las mujeres andinas presentes en España tenían dos hijos y el 30% de las africanas llegaban a tres o más hijos…

La cuestión que se planteaba en la época era si la inmigración era la opción más adecuada para frenar el envejecimiento de la población española. Y las autoridades, todas ellas, coincidían en que sí. Eran los tiempos en los que se afirmaba con una seriedad pasmosa que en breve solamente se podrían pagar las pensiones de los abuelos gracias a los inmigrantes. A fin de cuentas estaba entrando población joven y se estaba incrementando el número de nacimientos, todo ello gracias a la inmigración. Por tanto, la respuesta a la pregunta inicial parecía clara: en efecto, la inmigración frenaría el envejecimiento de la población española. Ahora bien, si se examinaba todo esto más de cerca se percibía que en, en realidad, lo que ocurría es que se estaba sustituyendo a la población española por población inmigrante. Lo más probable es que hubiera bastado con una campaña demográfica o con crear estímulos fiscales a la natalidad para que la natalidad hubiera reflotado sin necesidad de recurrir a la sustitución de población. Porque, en efecto, cuando se altera el sustrato étnico y cultural de una nación, es inútil pensar que no va a generar efectos secundarios. Y el primero de todos es que los inmigrantes ni se integran en nuestra forma de vida, sino que siguen haciendo rancho aparte y que cuando en un país como España existe casi un millón de marroquíes concentrados en determinadas zonas, pueden vivir sin necesidad de integrarse: ellos mismos forman su círculo de afinidad. En zonas como Miami en las que hace treinta años los latinos empezaron a crecer, tras una fase de equilibrio, la población hispana sustituyó casi por completo a la anglófona.

Por otra parte, pensar que la llegada masiva de población joven inmigrante contribuiría a rejuvenecer a la población, era percibir solamente una parte del problema e ignorar que esa población también envejecería y lo haría antes en la medida en que llegaba a España con entre 20 y 35 años, en tres décadas o algo más, estos inmigrantes se jubilarían a su vez y, por otra parte, como veremos, determinadas encuestas indican que una vez establecidos en un país y mejorado su nivel cultural y de vida, los inmigrantes tienden también a reducir su tasa de natalidad. Con lo que, finalmente, la llegada de inmigrantes, a medio plazo no resuelve ni remotamente el problema del rejuvenecimiento de la población que es, para colmo, un falso problema: en efecto, Europa es un continente superpoblado, en donde una disminución de la población no sería un drama ni siquiera en lo relativo a las pensiones (bastaría con recaudar más de otras partidas, o apenas administrar mejor los fondos de la Seguridad Social para poder abonarlas, solución mucho más sencilla que la inyección artificial de millones de inmigrantes llegados de otras culturas).

En el año 2001 las Naciones Unidas emitieron un documento en el que se trasladaba su “ideología” en relación a los movimientos migratorios. El documento en cuestión se titulaba Migraciones de reemplazo: ¿una solución ante la disminución y el envejecimiento de las poblaciones? En este estudio, se sostenía con toda seriedad que la Unión Europea precisaría 47,5 millones de inmigrantes en la primera mitad del siglo XXI para conservar su tamaño actual, 79,4 millones para estabilizar el volumen actual de población en edad de trabajar y 674 millones para mantener constante la relación entre población activa y población jubilada… El estudio recibió muchas críticas especialmente por la metodología utilizada y por el hecho de que se basara en la suposición absurda de un crecimiento económico ilimitado. La “ideología” de la ONU (gestada en las esferas de la UNESCO) implica reconocer que los movimientos migratorios que se daban a principios del milenio no eran suficientes para resolver la pérdida de demografía en Europa. Hacía falta, no un poco más, sino mucha más inmigración.

Tras leer el informe uno duda de si el informe propone resolver los problemas económico-sociales de Europa o más bien construir una sociedad mestiza y multicultural, exigencia que en ningún momento aparece con claridad en el informe pero que sobrevuela cada una de sus páginas: el informe no fue más que la traslación del principio de “un único gobierno mundial, una única religión mundial, una única cultura mundial… y una única raza mestiza” que constituye el leit motiv de la “ideología” de UNESCO y que está presente desde la fundación de la organización internacional. A pesar de su nulo interés científico, de su metodología deficiente y de sus apriorismos ingenuos e ignorantes, dicho informe fue el documento utilizado por el lobby pro-inmigracionista para justificar sus políticas de apertura a la inmigración. Zapatero creyó en él a pie juntillas, y Aznar aun sin creer en él adoptó ciegamente la política que auspiciaba, seguramente porque su amigo Bush se lo habría aconsejado…

Realidades, proyecciones y ficciones demográficas

A lo largo de todo el siglo XX la esperanza de vida de la población española se duplicó pasando de 34,8 años en 1900 a 78,8 en 1999 y ascendiendo hasta 80,9 años en 2007. Realmente, no es que los españoles vivamos el doble… sino que las mejoras en la sanidad y en la higiene hace que cada vez mueran menos niños, con lo que la edad media tiende a aumentar. Sin embargo, la fecundidad femenina ha ido descendiendo a lo largo de todo ese tiempo: de los 2,8 hijos por mujer en 1975 se ha pasado a 1,15 en 1998 y a 1,46 diez años después, por debajo de la media europea. Si se realizan proyecciones para los próximos cuarenta años resulta una pirámide de población en la que abundan las edades por encima de los 55 años, lo que implica que la población activa laboralmente es inferior a la población ya jubilada. Tal es el escenario que nos aguarda en las próximas décadas y que parece dar la razón a los que concluyen que el sistema de seguridad social es inviable. Sin embargo, la supervivencia del sistema de pensiones no depende solamente de la pirámide de población, sino de otros muchos factores: cuantía de las poblaciones, rigor en la administración de los fondos, la solidaridad intergeneracional y la consideración de que el dinero de las pensiones proceda solamente de los fondos de la seguridad social o bien esté abierto a otras aportaciones llegadas vía impositiva.

Entre 2000 y 2009, según las cifras oficiales, la presencia de población inmigrante en España pasó de 2.3% al 12%, pasando la población española de 40,5 millones a 46,7 millones. Si tenemos en cuenta que la inmensa mayoría del crecimiento demográfico español desde 1999 se debe a la inmigración y que, tal como hemos establecido antes, la población española hubiera perdido volumen de no ser por la inmigración, hay que concluir que ya en 2009, la presencia de inmigrantes en nuestro país estaba por encima de los seis millones de personas. El INE sostenía que el 89% del crecimiento de la población española se debió al saldo migratorio y sólo el 11% al crecimiento natural (nacimientos menos defunciones).

Un dato importante es que la edad media de los inmigrantes que llegaron entre 2002 y 2007 era de 29 años con una concentración entre los 25 y los 39 años, en el momento en que excluimos a los jubilados procedentes de la UE de la cifra de inmigrantes. Así pues, es evidente que, a corto plazo –y recalcamos lo de “a corto plazo”- la inmigración tiene un factor de “rejuvenecimiento” –ignorando todos los problemas que genera, claro- y para demostrarlo entre 2002 y 2008 la edad media de la población residente en España descendió de 41 a 40 años. Pero, la demografía es algo móvil: los inmigrantes también envejecen. Dicho de otra manera: la presencia de inmigrantes solamente mitiga por un breve espacio de tiempo el problema del envejecimiento de la población. ¿Y luego? Luego al problema de la integración de los inmigrantes se suma el problema de su envejecimiento, con lo que para ese viaje no deberían de hacer falta alforjas.

Según las simulaciones que realizó EUROSTAT indicarían que de no existir inmigración, España perdería en el 2060 el 20% de la población que tenía en 2008. Pero si las entradas de inmigrantes fueran del orden de 225.000 anuales, la población aumentaría un 15% respecto a 2008. Lamentablemente no existe una tercera simulación, acaso la más interesante y la menos arriesgada: ¿qué ocurriría si algún gobierno realizara una campaña de estímulo de la demografía y beneficiara fiscalmente a familias para que tuvieran hijos? No es raro que cualquiera de las dos variantes contempladas por Eurostat dé unos resultados negativos o muy negativos: en la primera (la hipótesis de inmigración igual a cero), en 2060, por cada 74 personas jubiladas habría 100 trabajando (suponiendo que hubiera trabajo, presunción, hoy por hoy, excesivamente optimista…). Pero si cada año entraran hasta el 2060, 225.000 inmigrantes año (lo que equivaldría a 11.700.000 inmigrantes, lo que supondría, no un 15% de la población española en 2008, sino en torno al 25%, sin contar con que la tasa demográfica de la inmigración podría hacer que esa cifra se elevara hasta como mínimo por encima del 30%… lo que supondría, es decir, un tercio de la población total…) por cada 60 jubilados habría 100 trabajando, lo que tampoco es ninguna ganga y ni siquiera resolvería el problema. Es más, contribuiría a agravarlo –desde el punto de vista desde el que se ha hecho el estudio- porque aumentaría la masa inerte de población inmigrante, población no productiva (mujeres que no trabajan, niños que no tienen edad de trabajar e inmigrantes que a la vista de su escasa preparación profesional carecen de trabajo estable), aumentaría extraordinariamente.

Pero hay algo peor: dado que los inmigrantes que llegan están concentrados en las franjas de edad de entre 20 y 50 años (dos tercios de los inmigrantes tienen esas edades), cuando algunos de estos lleguen a la edad de jubilación, coincidirán parcialmente con la edad de jubilación de los hijos del “baby boom” que en la actualidad tienen entre 35 y 55 años. Lo que empezará a ocurrir a partir del 2020. Para el 2040, los inmigrantes que hoy están en activo –que en un 81% ya han expresado su intención de permanecer en España- se habrán casi completamente jubilado. A partir de ese momento existirá una asimetría creciente y todavía más grave entre las personas en activo y las personas jubiladas, bastante más espectacular que en la hipótesis de que no hubieran entrado inmigrantes a partir de 2008.

Luego está la perspectiva demográfica de la inmigración. Desde la década de los 80, la población española ha estado por debajo del nivel de reemplazo generacional (2,1 hijos por mujer fértil). Esto implica un proceso de envejecimiento progresivo que puede ser extremo o moderado. Durante el período 1993-2002, cuando se inició el fenómeno migratorio, la natalidad española estaba en torno a 1,2 pero en el segundo período, cuando se produjeron reagrupaciones familiares en masa y se dejó sentir el peso de la demografía inmigrante, se elevó hasta el 1,3 entre 2004 y 2007 y 1,46 en 2008. Esta cifra, todavía estaba lejos de la tasa de reposición, y, por tanto, generaba más problemas de los que resolvía (problemas sociales, aparición de guetos, aumento de la delincuencia, pérdida de señas de identidad, etc).

Las mujeres inmigrantes tienen más hijos y los tienen antes: mientras que las españolas suelen tener el primer hijo como promedio a los 30,3 años, las extranjeras los tienen a los 26,9 años, sin olvidar que tienen un promedio de fecundidad mucho más elevado (1,92 hijos por mujer, mientras que las españolas están por debajo del 1,2). Pero habría que precisar más: las mujeres africanas tienen 3,5 hijos por mujer, por encima del umbral de reemplazo, mientras que las asiáticas se sitúan e torno al 2,43 y las latinas hacia el 1,43. ¿Conclusión? Cuanto más alejada está la identidad inmigrante de la española, su tasa de natalidad es mayor y aunque con el paso del tiempo vaya disminuyendo, es difícil que esta diferencia desaparezca.

Pero hasta 2008 se puso de manifiesto que la contribución de la inmigración al aumento de nacimientos iba en aumento. En 1996, solamente el 3,3% de los nacimientos eran de madre extranjera, pero en 2008 la cifra se había elevado al 20,7% y al año siguiente llegarían al 24%. Es decir, uno de cada cuatro nacimientos era hijo de inmigrantes (y al cabo de un año de vida, si había permanecido en España, recibiría la nacionalidad española). Si tenemos en cuenta que la población inmigrante es inferior a ese porcentaje (17% del total), su contribución a la natalidad es muy superior. ¿Cómo puede explicarse eso? Por dos vertientes: en primer lugar porque en sus países de origen, la inmigración tiene unas tasas de natalidad similar a las que tiene en España y, en segundo lugar por que el 69% de las mujeres inmigrantes tienen entre 15 y 49 años, es decir, son más jóvenes que las españolas y, por tanto, más fértiles, mientras que apenas el 48% de las españolas tienen esa edad.

Todos estos datos demográficos indican que en 2008 la inmigración ya tenía una importancia creciente, pero que no iba a resolver ni remotamente el que se consideraba el principal problema de cara a la viabilidad del sistema de pensiones. Ya hemos indicado que existían otras soluciones y que la inmigración, por no ser, ni siquiera era la solución más fácil, ni la más viable, ni la más sostenible. O dicho de otra manera, no era solución. Lo que era, en definitiva, era un parche técnico que tendía a reemplazar a la población española por población inmigrante y a desfigurar la identidad étnica y cultural de nuestro país, lo que no podía en ningún caso considerarse un avance: allí donde han existido sociedades “mestizas”, éstas se han mostrado extraordinariamente inestables. Para ese viaje no hacían falta alforjas.

La última evolución del fenómeno 2008-2012

A partir de 2008, a medida que la crisis económica se fue afianzando, distintos medios de prensa, convirtiéndose en voceros del gobierno de turno, fueron difundiendo la idea de que “la inmigración estaba disminuyendo”. La noticia, como veremos era falsa y las cifras indicaban justamente lo contrario, a saber, que incluso en tiempos de crisis, cuando en todo el mundo se sabía que España era uno de los países más afectados, seguían llegando inmigrantes, atraídos no tanto por nuestro mercado laboral, como por nuestros servicios sociales y asistenciales y entendiendo que nuestro país seguía siendo el eslabón más débil para acceder a los hipotéticos mercados de consumo europeos.

El 1º de enero del 2012 se produjo un nuevo hecho significativo: el 75% de los primeros nacidos ese día en todas las comunidades autónomas era hijo de inmigrantes. Repetimos: el 75%, es decir, 3 de cada 4… En algunas comunidades como Madrid y Cataluña, el 20% de la población total procedía de la inmigración (sin contar a los hijos de la inmigración nacidos en España y ya considerados como españoles al cumplir un año). El 1º de enero de 2012, a las 00:00 horas nacía en Ceuta, Fátima Sora, hija de musulmanes y, desempleados ambos. En Cataluña, el primer bebé del año fue un ecuatoriano. Y en Gerona se trató de un gambiano cuyos padres son de religión musulmana. Musulmán de padres fue también el primer bebé del año en Lérida. Lo mismo ocurrió en Murcia, siendo el segundo un hijo de bolivianos. En Lorca se trató de un bebé de padres ecuatorianos. Y en el País Vasco, no se trató de ningún Aitor, Andoni, o Edurnes, sino de un chino originario de Fujian. Sobre los nacimientos el 1º de enero se disponen de abundantes datos que tradicionalmente son aireados por la prensa…. Pero sobre el resto del año debemos conformarnos con las estadísticas que nos ofrece el INE al año siguiente. Lo que indican va en la misma dirección.

Durante el año 2011 fueron regularizados 268.322 inmigrantes a los que hay que sumar los que nacieron en nuestro país y los que fueron llegando ilegalmente. Sobre estos últimos hay datos contradictorios, pero sobre los regularizados, la cifra es de algo más de setecientos diarios. No es raro que las cifras de extranjeros residentes en España hayan experimentado un aumento. El 1 de enero de 2011, según el INE, la población española era de 47.190.493 personas, un 0’4% más que en 2010. El aumento se debe, por supuesto, a la llegada de más inmigrantes, especialmente porque a lo largo del año un número significativo de españoles, la mayoría jóvenes con alta cualificación técnica y profesional, huyeron de la crisis emprendiendo el camino del exilio económico. En otras palabras: el número de ciudadanos españoles que se iban de España aumentaba, pero al mismo tiempo la población también aumentaba un 0’4%, por lo que hay que pensar necesariamente que ese aumento se debe solamente a la inmigración (¿a qué otro factor podría deberse?). No hay que olvidar el número de concesiones de la nacionalidad española que ha ido en aumento desde 2003 y que a partir de 2010 se ha convertido en extremadamente significativo: ese año se concedieron 123.721 nacionalidades españolas a inmigrantes y solamente entre enero y septiembre de 2011 se concedieron otras 82.301 por lo que hay que pensar que se superó ampliamente la cifra del año anterior.

La llegada del Partido Popular al poder, contrariamente a lo que algunos habrían podido suponer, no ha variado en absoluto la situación. En ningún lugar del programa del Partido Popular se habla de repatriar a los inmigrantes, ni siquiera está presente una intención de resolver el problema, tan solo se dice que “se cumpla la ley de extranjería”… lamentablemente, el problema (y no la solución) es la Ley de Extranjería y sus sucesivas reformas cada vez más erráticas. Para colmo, cuando Aznar recogió en Quito su doctorado “honoris causa” en octubre de 2011, resumió la percepción que tiene el PP del problema de la inmigración. Vale la pena citar las palabras de Aznar: “Nosotros lo que hemos dicho siempre, y lo he promovido, es que la historia de la prosperidad de España no se puede escribir sin los inmigrantes, y en particular sin la aportación de los migrantes ecuatorianos. Téngase en cuenta que cuando llego al gobierno, en el 96, hay aproximadamente 300 mil inmigrantes en España, y cuando yo salgo del gobierno hay más de 3 millones. Es decir, la explosión de la inmigración en España se produce en esos años. La prosperidad de España no se puede construir sin la migración”. El mensaje del PP estaba más que claro ¿cómo iba Aznar a renunciar a la inmigración de la que él mismo fue el iniciador y desencadenante y que ocupó un lugar esencial en el desarrollo de su modelo económico, ese que fue capaz de dar una sensación de crecimiento económico ficticio durante poco menos de una década?

Fue inevitable, de todas formas que los inmigrantes se resintieran en parte del estallido de la crisis económica. No regresaban pero si se veían obligados a adoptar medidas de austeridad. Los nuevos nacimientos disminuyeron aunque no de manera muy significativa. Los nacimientos de madres extranjeras disminuyeron en 2011 siendo 43.942 (el 19,1%) cuando el año anterior habían sido de 47.084 (el 20,2%). En 2011, las mujeres españoles seguían tenido 1,33 hijos (entre ellas ya había en torno a 400.000 antiguas inmigrantes que habían recibido la nacionalidad), un 0’10 más que diez años antes, mientras que las mujeres extranjeras tenían 1,61 hijos (1,64 en 2010).

En 2011 se publicaron los resultados del padrón municipal que indicaban que la población solamente había crecido en 22.000 personas, indicándose así mismo que el número de extranjeros habría descendido un 0’7%… Estas cifras hay que ponerlas bajo caución. En efecto,  si la cifra total había caído ligeramente es porque algo más de 100.000 inmigrantes han desaparecido de las listas de inmigración y han reaparecido como “nacionales”. A esto se suman los españoles que se han ido a trabajar al extranjero, 114.000 a lo largo de 2011, una cifra récord. Así pues, la suma de los nacionalizados y de los que se van alcanza las 214.000 personas, y la distancia entre los que se van y los que quedan en España (47.212.990 personas, 22.497 más que un año antes) es de 236.497 personas… Estos son los “nuevos españoles”, tratándose en su inmensa mayoría de inmigrantes que han ido entrando a lo largo de ese año. ¿Se ha ido alguno? Sí, claro que alguno se ha ido; es más, pero la mayoría de los que se han ido lo han hecho sin darse de baja del padrón municipal, para poder volver de nuevo en cuanto encuentren trabajo o lo deseen. Por otra parte, muy pocos se han dado de baja voluntariamente en el padrón municipal… simplemente no han renovado (por desidia, desinterés o desorden personal) su inscripción en el padrón.

En 2007, el primer año de la crisis, llegaron a España 749.208 inmigrantes. Desde entonces las cifras han ido disminuyendo, pero es completamente falso lo que se publicó a principios de 2011 sobre que casi medio millón de inmigrantes habían abandonado España ese año. Si el saldo migratorio es negativo es sobre todo y muy especialmente por la concesión de la nacionalidad española, y la prueba es que mientras estuvo en vigor, la llamada “operación retorno” apenas consiguió que menos de 10.000 inmigrantes se acogieran a ella. Dicha operación subsidiaba el retorno a cambio de no regresar durante tres años… algo que no interesaba a la mayoría de inmigrantes.

No solamente siguen regularizándose inmigrantes por la discutible vía de la “regularización por arraigo”, sino también por la “regularización familiar” (los inmigrantes ilegales que tengan hijos nacidos en España reciben el permiso de residencia), al tiempo que siguen llegando tanto ilegalmente como a través de la  “reagrupación familiar”… Las cifras no aumentan más rápidamente porque quedan compensadas sólo en parte, por la concesión de nacionalizaciones que disminuye entre 100 y 125.000 personas la cifra de inmigración anual.

Ahora bien, si reconocemos –y es fácil hacerlo a través de la interpretación de las cifras- que la inmigración no se va en proporción significativa, sino que sigue aumentando y quienes se van son nuestros muchachos mejor preparados, la pregunta siguiente es ¿por qué no se van si el mercado de trabajo está hundido y sin posibilidades de recuperación a corto ni medio plazo? La respuesta la dan las cifras de remesas: no disminuyen, aumentan. ¿Para qué van a volver a sus países de origen si aquí tienen sus servicios sociales básicos (sanidad y educación) cubiertos por el Estado sea cual sea su situación laboral y si para colmo, entre alguna subvención, la alimentación cubierta por Caritas o por cualquier organismo asistencial, y el trabajo negro, viven mejor aquí que en cualquier otro lugar incluido su país de origen? Sin olvidar, claro está, que en muchos de estos países, a esa misma inmigración se la trata a patadas, mientras que aquí son considerados como objeto de atención preferencial por parte de ONGs y del lobby inmigracionista.

© Ernesto Milá – infokrisis – ernesto.mila.rodir@gmail.com

 

 

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Por qué hay que condenar las declaraciones del imán de Terrassa

Identitaria.- El pasado lunes el Grupo Municipal de España 2000 presentó una moción para que el Ayuntamiento de Onda condenara las declaraciones del imán de Terrassa. Dicho imán había sido procesado por incitar a la violencia contra la mujer, instando explícitamente a acudir a los “golpes”, avalando su predicación con un fragmento del Corán: “¡Amonestad a aquéllas de quienes temáis que se rebelen, dejarlas solas en el lecho, pegarlas! si os obedecen, no os metáis más con ellas, Alá es excelso, grande”.  En el texto de la fiscalía se incluye la “matización” del imán: “los golpes no son lo que provocan las fracturas de los huesos, no son los que hacen correr la sangre, no son los golpes en la cara…” para concluir que los únicos permitidos son los que se propinan con el Siwak, “una barra de madera que tiene la medida de un dedo”, según indica el traductor del sermón en una nota de la querella. El imán escenificó durante el sermón como se debe golpear con el citado artilugio, para insistir luego en que “en el Islam los golpes son una práctica tolerable, pero tienen límites a los que se llega cuando las otras soluciones no son efectivas”, añadiendo que es fundamental que “nadie sepa de ellos fuera de la vida conyugal…”. Los derechos de la mujer también fueron criticados por el imán.

No es, pues, raro, a la vista de todo lo anterior que el fiscal de Delitos de Odio y Discriminación en Catalunya haya interpuesto una querella criminal contra el imán de Terrassa (Barcelona) Abdeslam L., por incitar a la violencia contra la mujer.

Y tampoco es raro que a la vista de que en Onda tenemos una mezquita y una abundante comunidad islámica, este tema nos preocupe y, por eso, el Grupo Municipal de España 2000 pidiera al Ayuntamiento que se condenaran sin paliativos actitudes como ésta. Sin embargo, el Grupo Municipal del PP votó en contra concediéndole al imán la “presunción de inocencia” (y olvidando que se trata del enésimo imán que ha sido procesado por delitos similares), mientras que el PSOE nos acusaba de “populismo”. Al parecer en los dos grandes partidos ondenses los derechos de la mujer apenas cuentan, o mejor dicho, no cuentan nada.

Piensen si no es preocupante que después de décadas de integración de la mujer ahora vengan extranjeros a explicar en nuestra tierra cómo hay que pegarlas y en qué momentos y además lo avalen con la “palabra de dios”. Piensen también que esto no afecta solamente a “ellos”, sino que también hay mujeres españolas que pueden ser tratadas así. Esa parece ser la línea dominante en la doctrina coránica que se predica en España. Pues bien, ante esto tenemos que ser muy claros: ¡NUNCA JAMÁS! ¡NO EN NUESTRA TIERRA! Porque si bien no podemos impedir que en los países islámicos estas brutalidades se comentan, sí podemos hacer que se impida en España y concretamente en nuestra ciudad. Por mucha “presunción de inocencia” y mucho “populismo” que manejen PP y PSOE.

Santiago Bojados
Grupo Municipal de España 2000.

 

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El caso de las remesas: la crisis no le va mal a la inmigración

Identitaria.- El estudio del movimiento de remesas demuestra que en plena crisis económica, la inmigración cada vez aumenta más el envío de fondos a sus países de origen, hasta el punto de que puede decirse que existe en España un comportamiento contradictorio entre los niveles de paro de la inmigración y su prosperidad económica demostrada con el envío de remesas. El asunto de las remesas es una de las cuestiones menos estudiadas del fenómeno migratorio. Vamos a intentar en las páginas que siguen resumir el estado de la cuestión.

Concepto e importancia de las “remesas”

Se entiende por “remesa” los fondos que los inmigrantes envían a sus países de origen y que pueden ingresar en cuentas propias o destinados a sus familiares. Desde que existe constancia en la historia del inicio de los flujos migratorios siempre se ha producido trasvase de fondos de unas zonas del planeta a otras, desde las zonas de residencia de los inmigrantes a las zonas de origen, pero a finales del siglo XX con la mejora de los sistemas informáticos y de los servicios bancarios, estos tránsitos económicos se convirtieron en masivos y, en su mayor parte, desregulados, lo que constituyó un poderoso incentivo para estimular migraciones.
Según las estimaciones del Banco Mundial, los países que más remesas recibieron en 2010 fueron por este orden India (55.060 millones de $, dado su volumen de población y la capacidad técnica de buena parte de sus inmigrantes), China (40.500 millones de $, fundamentalmente a causa del volumen de su inmigración), y a mayores distancias Pakistán (8.700 millones de $) y Marruecos (7.000 millones de $). Salvo India, cuya inmigración en España apenas es significativa, los otros países, especialmente los dos últimos tienen una abundante colonia inmigrante en nuestro país. Dicho de otra manera: en 2010 se fugaron varios cientos de millones de euros a esos países y, en la medida en que se trataba de dinero procedente como veremos de la economía sumergida, se trató, simplemente de lo que en rigor puede llamarse una “fuga de capital” que disminuyó el dinero circulante en España y, desde luego, tiene algo que ver con la caída del PIB (cuando desaparece dinero de un país y se trasvasa a otro, ese dinero ni se utiliza como ahorro, ni como inversión en ese país, sino que cruza fronteras, disminuye el dinero circulante, disminuye, por tanto, el consumo y, finalmente, disminuye el PIB (que no mide nada más que el total de movimientos económicos que se producen).
Todavía está por estudiar lo que afecta este fenómeno a la inflación en la medida en que si dentro de un país disminuye el volumen de dinero, los precios deberían de tender a bajar, y por tanto, la inflación disminuiría, lo que explica el porqué ninguna autoridad económica ni monetaria presta el más mínimo interés a estas cifras que, en sí mismas, como veremos, son el síntoma de una enfermedad. Dada la obsesión antiinflacionista difundida desde el Banco Central Europeo, parece como si la única enfermedad de la economía fuera la inflación (la pérdida del valor del dinero) y, por tanto, cualquier fenómeno que tienda a contenerla (y el envío de remesas tiene cierta parte de responsabilidad en la contención del fenómeno) fuera considerado como positivo. Sin embargo, si disminuye el circulante en un país, disminuye también el consumo y si disminuye el consumo aumentan las cifras del paro, los cierres de empresas y la pérdida de riqueza… Dado que el único interés del Banco Central Europeo es el control de la inflación (y defender los “ahorros” de los países con una economía más fuerte, concretamente Alemania), cualquier otraconsideración (fuga de capitales, pérdida de consumo, descenso de PIB) pasan a segundo plano.

El aumento en el envío de remesas desde el inicio de la crisis

Resumimos la situación de la inmigración: llegada en oleada a España a partir de 1997 alcanza hoy un volumen de 7.250.000 inmigrantes según cifras oficiales. De estos apenas trabajan 1.800.000 en los meses altos y casi siempre por las franjas salariales más bajas. El paro entre la inmigración es más alto que en cualquier otro colectivo social. Su comportamiento económico debería de ser coherente con esta situación de crisis y precariedad: a medida que han ido disminuyendo el número de inmigrantes dados de alta en la Seguridad Social y han ido, paralelamente aumentando las cifras de paro y la inmigración se ha ido transformando en un fenómeno subsidiado que recibe muchos beneficios social y que cuesta al Estado y a la sociedad española cada vez más dinero en materia de sanidad, educación, prisiones, policía y asistencia social, parecería lógico que el dinero enviado por los inmigrantes al exterior fuera disminuyendo sensiblemente. Sin embargo el fenómeno que puede constatarse a poco que se examinen las cifras oficiales, es que desde que comenzó la crisis económica, como veremos, los envíos de remesas han ido aumentando.
La explicación al fenómeno es simple y demuestra que la precariedad de la inmigración no es tal. Los inmigrantes en paro, los que reciben el seguro de paro y las prestaciones posteriores a su término, además, integran las bolsas de trabajo negro. Eso implica que el Estado (esto es, la sociedad española de la queo se el Estado es su encarnación jurídica) sufre un doble perjuicio: de un lado hoy en España un 23% de la economía está fuera de control de la Hacienda pública (no toda es protagonizada por la inmigración, pero sí la mayoría, a la vista de las cifras de envíos al exterior) y no existe ningún tipo de recaudación fiscal, ni IVA, ni IRPF, a través del cual el Estado obtenga algún ingreso y queden compensadas las partidas que se invierten en la inmigración, sino que, de otro lado, esos inmigrantes que están fuera del marco de la Hacienda Pública reciben prestaciones como si estuvieran al corriente de sus tributaciones.
El gran año de la inmigración fue 2006. Se había producido la regularización masiva de 2005 y ese año entrarían 600.000 inmigrantes más en nuestro país. El fenómeno no era alarmante para el Estado a pesar de que para mantenerse los inmigrantes que entraban ilegalmente pasaran inmediatamente a integrar los circuitos de trabajo negro. Las proclamas del ministro Caldera al cerrarse la regularización masiva indicando que a partir de ese momento cualquier empresario que contratase a ilegales sería duramente castigado y que aumentarían las inspecciones de trabajo en las empresas, habían quedado en agua de borrajas. Por otra parte, la inmigración se integraba en los circuitos de la construcción y de la hostelería y en esos momentos, se alcanzaban los picos histórico de volumen de negocio en ambos frentes. Pero luego, en 2007, antes incluso de que se produjera la crisis de las subprimes en EEUU (julio de 2007, episodio con el que se inicia la crisis económica actual), se había llegado al punto de inflexión en el desarrollo del sector de la construcción. Como a los cadáveres, todavía le crecerían las uñas y el cabello a este sector, pero prácticamente desde principios de 2007 las ventas de la vivienda se habían estancado y se estaba lejos de los aumentos espectaculares de los años anteriores. En realidad, la inflexión se preveía desde antes. Ya en 2003 empezaron a disminuir las compras de chalés y apartamentos en los lugares habituales de establecimiento de jubilados ingleses. En efecto, el aumento del valor del euro con el consiguiente encarecimiento del valor de los inmuebles comprados en libras, generó esta ralentización de la actividad constructora en las provincias del Levante. Por su parte, en Canarias y Baleares, las llegadas masivas de inmigración y el aumento de la delincuencia, empezó a disuadir a los jubilados europeo de establecerse allí, unido, por supuesto, a los precios desmesurados que se pedían por un chalet o por un apartamento, así que empezaron a orientarse hacia el Adriático y las islas croatas de ese mar.
En 2007 disminuía el número de inmigrantes en activo en el sector de la construcción y, sin embargo, el volumen de las remesas enviadas al extranjero habían aumentado en 1.390 millones de euros (7.059 en 2006 y 8.449 en 2007). Y si comparamos las cifras de ese año con las de 2010 veremos que se produjo también aumento de 140 millones de euros a pesar de la ralentización general de la economía. En cuanto a las cifras en relación solamente al primer y al segundo trimestre de 2011, se produjo un aumento de 412 millones de euros más que en 2006, el mejor año de nuestra economía y de la cifras de empleo de la inmigración. Las cifras son del Banco de España y, por tanto, difícilmente cuestionables, y sin embargo están ahí como muestra de que desde 2007 deberían de haberse tomado medidas y aumentado las inspecciones para evitar que un sector de prácticamente 4.000.000 de inmigrantes quedaran fuera de todo control económico y de cualquier forma de recaudación de impuestos. No se hizo nada y el problema se fue enquistando: a medida que fue disminuyendo la actividad económica, aumentó el volumen de la economía sumergida, protagonizada, no lo olvidemos, por inmigrantes especialmente. Por que la pregunta esencial es: ¿cómo es posible que habiendo aumentado la población inmigrante en paro y pasado del 11,96% en el segundo trimestre de 2006 al 32,87% en el segundo trimestre del 2001, haya aumentado paralelamente en 412 millones de euros el envío de divisas a los países de origen? (las cifras del paro son del Instituto Nacional de Estadística y las de las remesas del Banco de España). La explicación a este fenómeno la da el mismo Banco de España en su informe sobre las remesas emitido en el tercer trimestre del 2011: la inmigración, nos dice, se ha adaptado muy bien a la crisis económica y supone el principal contingente de la economía “informal”. Las cifras de esta, 23% del total de movimiento económico, están por encima de las cifras totales de inmigración presente en España en 2011, el 15% de la población. Se insinuaba, por ejemplo: “Parece que los extranjeros que trabajan en esa economía informal están aumentando su masa salarial lo que les permite enviar más remesas”. Y lo que era peor: “Podría también ocurrir que inmigrantes que ya no viven en España estén cobrando ayudas públicas y reenviándolas íntegramente desde España a sus actuales domicilios”. Se trataría en este caso de inmigrantes que tienen doble residencia una en España y otra en su país de origen, al que se han vuelto dadas las dificultades que hay en España de encontrar trabajo.
Desde que comenzó el fenómeno migratorio, siempre han existido en España “pisos patera” donde han llegado a estar empadronados más de 100 inmigrantes, la mayoría sino todos cobrando rentas mínimas de inserción o subsidios de desempleo. ¿Cómo se realiza el fraude? Basta con que un solo inmigrante provisto de varios pasaportes cruce el Estrecho, venga a España, y cobre los subsidios en España en nombre de bastantes que están en Marruecos. Después ese dinero se envía desde España en forma de remesas. Dado que siempre las cantidades que se envían, son inferiores a 3.000 euros, no están sujeto a retención fiscal y por tanto no se declaran ni pagan impuestos. Se sabía que estas operaciones se realizaban desde el inicio de la crisis y si no se hizo nada fue por las causa que apuntábamos en el inicio.
Existen países como Marruecos o Ecuador cuya primer fuente de ingresos son las remesas que envían sus inmigrantes residentes en el extranjero. En Marruecos, por ejemplo, las remesas solamente están por detrás de los ingresos generados por las exportaciones ilegales de haschisch (80.000 hectáreas en el valle del Rif) y muy por delante de los ingresos procedentes del turismo (que están estancados). En Ecuador, estos ingresos están por detrás… de los beneficios de la industria petrolera y, por supuesto, de los generados por la exportación de bananos, el artículo “estrella” ecuatoriano para la exportación. Buena parte de todo ese dinero es español. Tanto los EEUU, como Francia o Bélgica mantienen sobre los envíos de remesas un mayor control que el Estado Español que apenas se fija en la cantidad de 3.000 euros para dar notificación a Hacienda. Si ante cualquier transacción de este tipo se exigiera explicar el origen de los fondos, se hubiera evitado el descontrol total de la economía sumergida que está alcanzando una cuarta parte del total del movimiento económico en nuestro país.
El fenómeno inverso: remesas hacia España
Lo más dramático de toda la cuestión de la inmigración y de las remesas es constatar que, mientras por una parte, nos ha ido llegando una masa inerte de inmigración en absoluto cualificada y que, desde su llegada ha tenido como ocupación esencial acarrear escombros en obras y servir cañas, nuestros jóvenes, por el contrario, en la mayoría de los casos, con preparación universitaria, perfectamente preparados para el ejercicio de su profesión, han cruzado fronteras y se han instalado en el extranjero en proporción creciente desde 2010. Y esto ha generado un curioso flujo de remesas en dirección contraria: del extranjero a España. Vale la pena examinar también este fenómeno y extraer de él algunas conclusiones.
En 2011 las remesas transmitidas por residentes españoles en el extranjero alcanzaron los 5.702 millones de euros en el 2011. Hace falta decir que el número total de emigrantes españoles en todo el mundo en aquel momento era de 1.800.000 españoles, con lo que resulta posible establecer una proporción. Si en 2010, algo más de 7.000.000 de inmigrantes enviaban al extranjero 7.199 millones de euros y 1.800.000 españoles (cuatro veces menos) remitían a su país 5,702 millones (solamente un tercio menos que el total de las cifras remitidas por la inmigración extranjera en España), esto quería decir ni más ni menos que los trabajadores españoles que cruzaban fronteras y se iban eran extraordinariamente más productivos que los que venían de fuera y residían entre nosotros hasta el punto de que cuando aludimos a ellos como “masa inerte” o “losa”, estamos utilizando el término más preciso y más inevitable.
España se ha convertido, según lo que puede deducirse de las cifras oficiales publicadas por el INE y el Banco de España: en un país emisor de emigración productiva y regularizada en sus países de origen y, en cambio, en un país receptor de masa inerte improductiva, subvencionada y de escasa o nula cualificación profesional que gasta mucho más de lo que genera.
Por otra parte, la realidad es que del total de 1.800.000 emigrantes españoles en el extranjero solamente 654.000 han nacido en España y los que se han ido en los últimos años desde que empezó la crisis, tratándose de jóvenes con alta cualificación técnica. El resto se trata de inmigrantes de segundo y tercera generación o bien de nacionalizados por la Ley de Memoria Histórica, uno de los intentos dramáticos del zapaterismo
Y si de lo que se trataba era precisamente de defender que las remesas enviadas por los inmigrantes tenían un efecto benéfico sobre el control de la inflación… las llegadas de remesas procedentes de emigrantes españoles, hacen que incluso ese fenómeno quede completamente compensado y anulado.
Así pues, el estudio sobre las remesas nos confirma nuevamente en que la aportación de la inmigración a la economía nacional es, globalmente considerada, un verdadero lastre y que solamente, durante unos años, entre 1998 y 2006 contribuyó a aumentar la riqueza, no del conjunto de la nación, sino de las patronales de la construcción y de hostelería. Luego, la factura nos ha quedado para pagarla toda la nación.
© Vicente Torrico – Ernesto Milá – prohibida la reproducción de este texto sin indicar origen

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Junta de Torrent de España 2000: En defensa de la libertad de expresión y de lo nuestro

En toda Europa la izquierda comunista ha cambiado su discurso en defensa de la clase obrera por un discurso en defensa de “los excluidos” (inmigrantes ilegales, okupas, gays, lesbianas, etc.) con el resultado previsible de haber desaparecido prácticamente del continente como fuerza política defensora de las clases trabajadoras. En España y concretamente en Torrent las cosas van de la misma forma. Continuar leyendo

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